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jueves, 3 de mayo de 2012

Orgía.



Aún recuerdo aquella cita atípica. Como si fuese ayer. Los cuatro cometiendo actos de los cuales luego nos arrepentiríamos… ¿o no? ¿¡Por qué arrepentirse!?

Todo eran risas, cariño, roce. No lo había pasado igual en mucho tiempo.
¿Quién lo diría? ¡Con lo puritana que soy yo!

Era medianoche. En un pub apagado con unas tenues luces que de vez en cuando nos iluminaban. Nadie nos veía, nos daba igual aunque así lo fuese.
En mi memoria quedan grabadas nuestras miradas. Ese brillo en vuestros ojos por el éxtasis del momento.
Radiantes, risas. Alcohol de por medio. Siempre nos acompaña. En aquella ocasión, con un toque característico a cítrico.
La noche continuaba y parecía que nunca se nos terminaría aquel placentero momento.

Hoy. Ya no quedamos para hacer esos planes locos a altas horas de la noche. Ahora somos tú y yo. Ya no hay un “los cuatro”. Ahora solo te tengo a ti.
Para mí es más que suficiente. ¿Para ti lo es?. Ya no veo posible volver a hacer esas orgías. ¿Quién sabe si en un futuro? Cada vez lo veo más lejano…

Lo único que sé es que te tengo a ti, y no quiero perderte. Te aprecio mucho y es lo único que me importa.



lunes, 23 de abril de 2012

En el reino de Nunca Jamás.



Fuera, en el exterior, caía una lluvia torrencial. De éstas que calan hasta los huesos. No habían visto llover de esta manera en el reino durante años. Es por eso que Lana había pasado toda la tarde encerrada en el interior del castillo. Después de varios minutos sentada en una silla de palacio (¿o quizás habían transcurrido horas?), llegó a algo en claro.

Agobiada. Desanimada. Sin fuerzas. Así es como se sentía.

Llevaba ya mucho tiempo tirando del rey. En aquel reino alejado de la gran ciudad todo era un caos. A la más mínima, todo se derrumbaba. Es como si pasase un ciclón, cada cierto tiempo, que el rey permitía que se lo llevase todo por delante.

Lana ponía de su parte para que las cosas volvieran a su cauce. Pero no era una superheroína. Ni lo era, ni pretendía serlo.
Quería disfrutar de su vida. Y aunque había trabajado de la mano del rey durante mucho tiempo, no podía vivir por y para él.

Se sentía un poco desanimada, porque habiendo visto el rey como trabajaba durante todos estos años, aún le cuestionaba ciertos asuntos. O no la creía directamente. A la más mínima, cambiaba de parecer.
¿Sería a causa del ciclón que rondaba la ciudad a menudo? Lana no lo sabía. Ni le importaba. Quería hacer las cosas bien. De un tiempo a acá creía ser lo suficientemente transparente para el rey.

Cada día iba perdiendo poco a poco la esperanza, las fuerzas. Ya poco le animaba a seguir adelante. ¿Para qué emplear su tiempo en construir un reino que se vería devastado por el ciclón tarde o temprano? Lana ya estaba cansada. Ya no quería luchar más...