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domingo, 24 de junio de 2012

Raining lies...


¿Qué tal si te digo que soy aquella rubia? Alta y esbelta. Por la que todos los chicos babean.
Que soy aquella que destroza al hombre con el corazón más gélido y la fachada más infranqueable. Que te atravieso. Con una bala, la sien; con una daga, el corazón.
Que tengo una personalidad fría y calculadora. Se podría decir que guardo el corazón bajo llave, en un cofre que nunca encontrarás.


[...]

¿Y si te dijera que llegaste a mi personalidad y la cambiaste? Sin avisar. Como aquel que aterriza en una ciudad vecina sin telefonear a la familia. Te hiciste hueco, con paciencia. Poquito a poco entre la maleza crecida. Trastocaste mi mente desordenada, para convertirla en un orden aún más caótico.

Soy sin saber quién soy. Ni lo que quiero. ¡Maldición!, lo tenía tan claro hace un instante…

jueves, 21 de junio de 2012

Sonríe tú, que yo no puedo...

Camino sola, sin rumbo fijo, mirándome a los pies. Nunca me gustaron. Qué feos me han parecido siempre.
Deshojando una flor púrpura que encontré por el sendero.
Mis pensamientos vagando, le di libertad recientemente.
Escuchando siempre la misma canción en mi reproductor "Siempre tan sonriente, qué feliz es ella"
¿Y si no es así? ¿Y si todo es una fachada?

Quizá me resulte mucho más sencillo esbozar una sonrisa y no tener que explicar qué es lo que me inquieta.

Ármate de valor, contrae un músculo de la mejilla, y luego el otro.
Entrena los risorios, esboza tu mejor sonrisa.


Que hoy yo no puedo...

miércoles, 20 de junio de 2012

Huye, antes de que te alcance...

Huye, no quiero verte más. Huye.
Porque y si te alcanzo... ¿qué? ¿acaso sería diferente?
Escóndete por recovecos, piérdete o esfúmate.
Siempre se te ha dado tan bien...
Es lo que llevas haciendo durante tanto tiempo,
que se podría decir que ya tienes arte en ese campo.



[...]

Pensé que estabas hecho de otra pasta.
Pensé que eras otro tipo de persona.
Que merecías la pena.
Me has demostrado que eres otro más que añadir a la lista.
Me has decepcionado...



jueves, 3 de mayo de 2012

Orgía.



Aún recuerdo aquella cita atípica. Como si fuese ayer. Los cuatro cometiendo actos de los cuales luego nos arrepentiríamos… ¿o no? ¿¡Por qué arrepentirse!?

Todo eran risas, cariño, roce. No lo había pasado igual en mucho tiempo.
¿Quién lo diría? ¡Con lo puritana que soy yo!

Era medianoche. En un pub apagado con unas tenues luces que de vez en cuando nos iluminaban. Nadie nos veía, nos daba igual aunque así lo fuese.
En mi memoria quedan grabadas nuestras miradas. Ese brillo en vuestros ojos por el éxtasis del momento.
Radiantes, risas. Alcohol de por medio. Siempre nos acompaña. En aquella ocasión, con un toque característico a cítrico.
La noche continuaba y parecía que nunca se nos terminaría aquel placentero momento.

Hoy. Ya no quedamos para hacer esos planes locos a altas horas de la noche. Ahora somos tú y yo. Ya no hay un “los cuatro”. Ahora solo te tengo a ti.
Para mí es más que suficiente. ¿Para ti lo es?. Ya no veo posible volver a hacer esas orgías. ¿Quién sabe si en un futuro? Cada vez lo veo más lejano…

Lo único que sé es que te tengo a ti, y no quiero perderte. Te aprecio mucho y es lo único que me importa.



jueves, 26 de abril de 2012

Paul accedió finalmente a una habitación oscura. Su corazón crepitaba arrítmicamente debido a la excitación y al miedo que sentía. Allí no se veía nada, salvo unos destellos brillantes que provenían del final de la sala. Se acercó titubeante, sin saber bien todavía cual era el foco de aquel extraño resplandor.

De entre las sombras apareció una desconocida. Fue entonces cuando Paul cayó en la cuenta: los destellos no provenían de sus ojos como se podía haber imaginado. Sino que procedían de unos añadidos incorporados a su fina boca.

En esos momentos, el joven sintió la necesidad imperiosa de probar los labios de la chica. Se acercó, la tomó por el cuello dulcemente y le robó un beso. Paul hizo un gesto de desaprobación debido al frío de sus labios. Volvió a probar y de nuevo había una barrera que los separaba. La miró a los ojos y vio que tenía un brillo diferente en la mirada. Una tristeza que él se moría por descubrir. Pero había algo que le cegaba más que el brillo de sus delicados ojos. Debía hacer desaparecer esa barrera. Ni corto ni perezoso le rogó a la desconocida que se quitase los añadidos metálicos. Ella, decidida, no tardó ni un minuto en hacerlos desaparecer. Y acto seguido se fundieron en un cálido beso que iluminó toda la sala.





Lástima que solo fue un sueño...